Madrid
Madrid se convirtió en capital española no por sus
gracias naturales (está a más de 300 Km del mar, en
una meseta a 650 m de altura, helada en invierno y tórrida
en verano) sino por estar geográficamente en el centro del
país.
Felipe II traslado allí su sede del gobierno en 1561,
con el objetivo de crear un símbolo de unificación
y centralización del país. Luego, la determinación
de sus gobernantes sucesivos de promocionar una catedral central
poderosa aseguró su éxito.
En la actualidad es una extensa ciudad en la que viven unos cinco
millones de habitantes.
No es una ciudad preciosa, pero sus calles del corazón
de la ciudad son una contínua sorpresa, con edificios medievales,
callejuelas llenas de vida, diversos y variados intereses arquitectónicos
(como la plaza Mayor o la
Gran Via) y unas de las colecciones de arte más importantes
del mundo repartidas en sus tres grandes museos: el Museo
del Prado, el Museo Thyssen-Bornemisza
y el Centro de Arte Reina
Sofía.
Pero lo que realmente atrapa de esta ciudad son sus habitantes.
Los madrileños son gente amigable y que disfrutan divirtiéndose,
copan las terrazas y los bares cualquier días del año,
llenan las calles y los mercadillos como el Rastro o trasnochando
hasta muy tarde en alguno de los miles de pubs, bares, tascas
o discotecas de la ciudad.
A pesar de lo que Barcelona o San Sebastián puedan reivindicar,
la escena madrileña, inmortalizada en las películas
de Almodóvar, continúa siendo una de las más
divertidas y vibrantes del país.