Irlanda
La verde Irlanda, la “isla esmeralda”, es uno de los
países menos poblados de Europa y una tierra rica en leyendas.
Los tópicos sobre este país se acercan bastante a
la realidad: su gente es cálida y simpática, siempre
dispuesta a compartir una pinta en un pub, en los que a menudo hay
música en directo; y llueve casi constantemente, lo que da
a la isla un verdor exuberante. Es un país para visitar lentamente,
vagabundeando a través de sus paisajes agrícolas y
a lo largo de su larga y accidentada línea costera.
Irlanda no fue nunca colonizada por los romanos. Pasó
de la Edad de Hierro a la era vikinga, por lo que sus raíces
célticas han sobrevivido al paso de los años. Esto
se percibe claramente en su folclore y en sus músicas tradicionales.
Las zonas más visitadas son las de su costa occidental.
La parte norte se caracteriza por las espectaculares penínsulas,
lagos y cañadas de Donegal. La costa occidental y sus islas
son de altísimos acantilados y agrestes montañas.
Al sur destacan sus paisajes marinos y al norte, el principal
atractivo es la curiosa formación basáltica de Giant's
Causeway (la calzada de los gigantes).
En Dublín se mezclan juventud y tradición. Es una
capital de dimensiones humanas, con decadentes plazas georgianas
y vibrantes pubs. Belfast, víctima de la mala prensa, es
tan vital como Dublín, mientras que Cork, Limerick y especialmente
Galway pelean por una respetable tercera posición.
El resto del país es relativamente llano, con varios ríos
y lagos y muchos pastos. La costa oeste está formada por
altos acantilados y en ella se haya el punto más elevado
de la isla (1.041 metros).
También destacan en Irlanda su gran cantidad de castillos
y fortalezas, que esconden todo tipo de secretos, historias de
fantasmas y asesinatos, así como otras tradiciones menos
morbosas.