Hungría
Hungría no es un país balcánico como los
demás: sus habitantes, los húngaros, son muy conscientes
de que son magiares, una etnia que se trasladó desde Asia
al corazón de Europa.
Hungría tuvo un papel protagonista en la disolución
de los regímenes comunistas de la Europa del Este. Su decisión
de abrir sus fronteras en 1989 y de permitir que los alemanes
del Este pudieran pasar a occidente precipito la caída
de los regímenes represivos de Alemania del Este, Rumania
y la antigua Checoslovaquia.
Su magnética capital, Budapest, con su cafés, baños
turcos, sus antiguas mansiones y palacios emana un fuerte aroma
a Mitteleuropa, una cultura que empieza a resucitar en forma de
nuevos escritores, directores de cine, artistas y comunicadores.
Pero también se percibe un ambiente moderno y ávido
de novedades, reflejado en el modo en que sus habitantes incorporan
las modas internacionales y las adaptan a sus gustos locales.
Después de Budapest, el lago Balatón y el recodo
del Danubio rivalizan en popularidad. El Balatón cuenta
con llamativos centros turísticos y se encuentra muy cerca
de la región vinícola de Badacsony. Por el contra,
el recodo del Danubio tiene más que ofrecer en cuanto a
paisajes y arquitectura histórica.
Sopron y Pécs son las principales ciudades al oeste del
Danubio. En las tierras altas destacan las bodegas de vino de
Tokaj y Ejer.
En la Gran Llanura la ciudad universitaria de Szeged, junto a
la frontera rumana, es muy recomendable.