BUDAPEST
Lo primero que se debe saber de Budapest es que es el resultado
de la unión de dos ciudades, una a cada lado del Danubio:
Buda y Pest. Enormes puentes unen ambas orillas: en el lado occidental
Buda, la vieja ciudad medieval sobre la colina, de calles empedradas
y palacios barrocos, antigua sede real y la zona comercial más
elegante; en el lado oriental, Pest, el ensanche de la gran urbe,
corazón económico y comercial de la ciudad, con amplias
avenidas y edificios del s. XIX.
Conocida también como la “perla del Danubio”,
Budapest es una ciudad de gran belleza y riqueza histórica,
cultural y natural. Tiene innumerables puntos de interés:
el Palacio Real, el gigantesco monumento comunista a la Liberación,
el Palacio de Buda, varios museos de historia y de arte, las ruinas
romanas del museo de Aquincum, la Plaza de los Héroes,
el parque de las estatuas, la cúpula de noventa metros
de la Basílica de San Esteban... son solo algunos de los
muchos lugares que merece la pena visitar.
Tanto si se viaja con niños como si no, merece la pena
tomar el ferrocarril de cremallera que discurre por el bosque
entre Városmajor y la colina de Széchenyi. También
está el funicular de Budavári Sikló, junto
al puente de Las Cadenas, que sube hasta la colina del castillo,
en el que se pueden visitar sus cavernas.
En medio del río está Margit Sziget (isla Margarita),
un oasis de verdor con senderos que discurren junto al río,
un jardín japonés, dos conjuntos de ruinas del s.
XIII y donde en verano tienen lugar representaciones de teatro,
ópera y cine al aire libre.
Un orgullo de Budapest son sus manantiales de aguas medicinales.
Los tiene en tal cantidad que de sus 118 que existen en la ciudad
brotan diariamente 70 millones de litros de agua a unas temperaturas
de entre 21 y 78 ºC. Dichos manantiales abastecen numerosos
balnearios, la mayoría de los cuales están alojados
en edificios de gran belleza arquitectónica. Los hay desde
modernistas hasta del s XVI y tanto de hombres, de mujeres y mixtos.