
El Peloponeso, la península más meridional de Grecia y
convertida en isla al excavarse el canal
de Corinto, es uno de los lugares con más encanto del país.
Dominado por un paisaje surcado por innumerables cadenas montañosas,
con frondosos bosques en exuberantes valles y gargantas, el Peloponeso
contiene una excelente muestra de mucho de lo que se puede encontrar en
el país.
Cuenta con yacimientos históricos como Micenas,
Epidavros u Olimpia,
sede original de los Juegos Olímpicos hace más de 2000 años
y lugares olvidados como la sureña Mani,
de montañas abruptas y pueblos abandonados.

Su gente, griegos auténticos, viven principalmente de la tierra,
del mar y del turismo y sin prisas ni estrés ni con los agobios
del mundo moderno.

Las playas de su costa occidental son de las más hermosas y menos
explotadas del país y sus líneas de ferrocarril parecen
extraídas de alguna antigua película. Entre ellas destaca
un cremallera, el tren de Kalavryta,
que discurre por la garganta de un estrecho desfiladero y que une, en
aproximadamente una hora, un pueblecito perdido con la red de ferrocarriles.
Un trayecto de ida y vuelta imprescindible para los amantes de los trenes.
Es frecuente entre los viajeros de interrail que accedan a Grecia desde
los puertos italianos de Brindisi
o Bari hasta Patras. Patras es la
tercera ciudad en cuanto a tamaño de Grecia y es un puerto importante.

Y por último, pero no
por ello menos importante, merece la pena resaltar a la moderna y fashion
Nafplio, encantadora ciudad enriquecida
por su pasado veneciano y estratégicamente situada, ideal para
desde ahí visitar los yacimientos de Micenas, Epidavros y el canal
de Corinto.
En fin, el Peloponeso es otro excelente lugar para perderse, olvidarse
del mundo y del tiempo y desde donde quiza introducirse en un plácido
viaje por Grecia.

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