Eslovaquia
La República de Eslovaquia, independizada de la antigua
Checoslovaquia en 1993, se extiende desde las llanuras de la cuenca
del Danubio hasta los picos de Tatra. La accidentada geografía
del país ha frenado la industrialización y modernización
del mismo, pero ha ayudado a preservar las diferencias regionales.
Durante un milenio los eslovacos estuvieron bajo la opresión
de los húngaros, a pesar de lo cual supieron mantener su
identidad nacional. En 1918 se unieron a los checos creando Checoslovaquia,
pero tras 75 años de estar a su sombra decidieron independizarse,
si bien hay que añadir que muchos eslavos tuvieron sus
reservas; el caso es que ninguno de ellos tuvo la opción
de decidirlo en referéndum. Desde entonces la corrupción
y la falta de reformas han espantado las inversiones extranjeras
pero, desde 1998, acompañando a un cambio de gobierno,
parece que el panorama puede cambiar.
La población es muy variada: al sur hay más de
medio millón de habitantes de habla húngara y al
este miles de gitanos y rusyns.
La capital, Bratislava, puede ser decepcionante si se espera
encontrar una Praga eslovaca. Prejuicios aparte es una ciudad
gratificante y animada, con un denso casco antiguo.
Poprad es la puerta para visitar el Alto Tatra, su montaña
más alta, y también para explorar las fascinantes
ciudades medievales de la región de Spis. Al este está
Presov, centro cultural de la minoría rusyn y cerca, Kosice,
la segunda ciudad de Eslovaquia, cuenta con una muy bella catedral
gótica.