Bielorrusia
Durante la II Guerra Mundial Bielorrusia fue devastada, se
perdió casi un tercio de la población y la mitad de
sus recursos naturales. Tras su separación de la Unión
Soviética en 1991, Bielorrusia apareció en el panorama
internacional y se convirtió en destino para viajeros que
buscaban nuevas tierras por explorar.
Se trata de un país completamente llano (no supera los
300 m sobre el nivel del mar), dividido en tres zonas bien diferenciadas:
la del norte, con más de once mil lagos; la meseta boscosa
central; y la zona sur, muy pantanosa y deshabitada llamada pantanos
de Prypett.
Un viaje a Bielorrusia puede constar de excursiones a la zona
de los lagos, que son bellísimos, e incluso de excursiones
de aventura a las zonas pantanosas; pero generalmente se visita
la capital, Minsk, que es el núcleo urbano más poblado.
Minsk es el centro cultural de Bielorrusia. Cuenta con varias
universidades, teatros y museos. La Plaza de la Victoria es el
lugar más interesante y animado de la ciudad.
Gran parte del arte antiguo de este país se perdió
en las sucesivas guerras, pero en el s. XVI apareció una
corriente artística de la que sí se pueden encontrar
monumentos que perduran. Fue la época de las construcciones
en ladrillo bicolor, las fachadas labradas con molduras y de las
decoraciones interiores con frescos y pinturas.
Más tarde, el Imperio Ruso dejó un gran legado
de su grandeza, aunque la II Guerra Mundial lo dañó
gravemente.